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Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

8 junio, 2017 0
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Constituyen la piedra angular del tratamiento. No podemos exponer con detalle la complejidad de la intrincada red de fenómenos inherentes a la inflamación, pero puede afirmarse que los AINE actúan bloqueando diversos enzimas como las denominadas ciclooxigenasa y lipooxigenasa, responsables de la producción de sustancias inductoras de inflamación como las prostaglandinas y los leucotrienos. La disminución de la síntesis de estos últimos reduce la intensidad del proceso inflamatorio en los distintos focos. Los AINE disminuyen tanto el dolor como la tumefacción local, aunque en un grado variable según su eficacia. Piroxicam es uno de los más potentes ya que con dosis de 20 mg alcanza un efecto similar a 1500 mg de aspirina, 100 mg de diclofenaco, 200 mg de ketoprofeno, 100 mg de indometacina ó 1000 mg de naproxeno. En la práctica, el efecto antiinflamatorio y analgésico obtenido no sólo dependerá del AINE, sino también de la cantidad, forma de administración (oral, intramuscular) y modo de distribuir la dosis, esto es, de la posología. Ciertamente, el médico debe conocer las características farmacológicas de los AINE y elegirlo ajustando dicha posología al ritmo del dolor referido por el enfermo. Por lo general, se tiende a la única toma diaria y a la vía oral (la más cómoda), si bien cada caso de espondilitis anquilosante es diferente y el tratamiento debe individualizarse. En las fases de actividad, la espondilitis anquilosante requiere habitualmente AINE potentes o en dosis altas, siendo indometacina, diclofenaco y piroxicam, los más prescritos. Colateralmente, esto supone mayor riesgo de efectos adversos y hace precisa la realización de controles clínicos y análisis, lo que se conoce como monitorización. No se debe asociar varios AINE por el consiguiente incremento del riesgo de lesión renal y, sobre todo, gastrointestinal. La aspirina es el AINE más utilizado en el ámbito doméstico, a veces con cierta ligereza, pese a que es una de las principales causas de úlceras y hemorragias digestivas.

Recientemente se ha introducido un nuevo grupo de AINE, inhibidores selectivos de una forma de ciclooxigena, abreviada COX-2, que genera prostaglandinas inductoras de inflamación. Esta selectividad y precisión química permite conseguir teóricamente el mismo efecto antiinflamatorio con mínimas reacciones adversas. En España disponemos ya del rofecoxib, comercializado para el tratamiento sintomático de los pacientes con artrosis. Pronto estará en el mercado el celecoxib. Aunque desconocemos las indicaciones para las que será autorizado, se ha empleado en reumatismos inflamatorios como la artritis reumatoide, demostrando un excelente perfil de seguridad y una eficacia analgésica y antiinflamatoria similar a la de los otros AINE potentes. Todavía faltan ensayos clínicos en espondiloartritis y debemos guardar cierta cautela a la hora de establecer sus posologías en este grupo de procesos.

La fenilbutazona es un derivado de la fenilpirazolona y, por lo tanto, no debe utilizarse en ninguna persona alérgica a las pirazolonas como el metamizol magnésico. La gravedad de las reacciones adversas descritas en pacientes que recibieron fenilbutazona, sobre todo en la esfera hematológica, condicionó que fuese marginada, quedando como AINE de “segunda línea”, prácticamente relegada a los casos refractarios de espondilitis anquilosante. En realidad, su toxicidad a dosis de 200 mg cada 12 horas, no difiere significativamente de la objetivada con los AINE más potentes y, sin embargo, resulta efectiva en bastantes ocasiones en las que otros han fracasado.

Es necesario añadir que, para expertos en espondiloartritis como Amor et al3,4, debe dudarse del diagnóstico de espondilitis anquilosante cuando los AINE a dosis plenas no controlan adecuadamente el dolor del paciente. Algunas infecciones, como la provocada por una bacteria denominada Borrelia burgdorferi (enfermedad de Lyme) pueden imitar una espondiloartritis refractaria (inflamación de varias articulaciones, dolor en la columna vertebral de ritmo inflamatorio, uveitis o conjuntivitis e incluso sacroilitis). La sarcoidosis y la ocronosis también pueden emular una espondiloartritis, aunque rara vez una espondilitis anquilosante.


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